21 Sep, 2009
Parque Nacional Talampaya en la Rioja
Posted by: Hector Danilo Pompa Dominique In: Argentina|Destinos Turisticos
Teniendo en cuenta que la tierra tiene 5000 millones de años, y el humano es la ultima bocanada de perfección de su imaginación creadora; no acuden a mi cuestiones de insignificancia del ser, etc., sino a su vez, se glorifica en mi interior la capacidad única de contemplación y la divinidad que posee, que tiñen de arte lo que se ve.
Esta reflexión, poco original, es un producto espontáneo del lugar del cual les voy a hablar, el Parque Nacional Talampaya:
Llegamos al “parador” del parque alrededor de la una de la tarde, el sol rajaba las piedras, y disponíamos de una hora libre, para comer y habituarnos, hasta la salida a los circuitos. Caminé hacia la ruta y pude apreciar otra vez la aridez salvaje de los llanos, y como un zorro gris se perdía entre arbustos.
A las dos de la tarde partimos por sobre el cauce de un rió temporal (como lo son la mayoría en La Rioja), nos adentramos en el Parque Nacional Talampaya, a bordo de camionetas tipo Traffic en buen estado, cámara en mano, y un par de tomas al paso, luego, la primera parada, un sendero que resguarda el accionar de manos destructivas nos delimita el camino hacia piedras con petroglifos diversos, algunos de simbología ritual, representaciones abstractas y otros de Guanacos y fauna autóctona, manos tallaron esas rocas hace 2000 años aproximadamente, fumo un cigarrillo, y no me permito profanar ese suelo, lo apago y lo guardo, continuamos el camino.

Otras paradas impactan en la retina como “La Catedral”, donde formaciones en punta nacen en paredones de 150 metros, o la imagen de peregrino frente a la inmensidad, de “El Cura”, todas, imágenes guardadas en el recuerdo, junto con la frescura y el reparo del “Jardín Botánico”, donde nos hidratamos entre la sombra de arbustos y algarrobos.

Pero surge algo inesperado, la caminata de 500 metros a “Los Cajones”, misticismo brota de las paredes monumentales, vegetación profundamente verde contrasta con el color terracota, por el lapso de media hora siento a la tierra y no puedo evitar sentir paz, y mis piernas caminan solo hacia ese instante.
Surge un pequeño arroyo, y llegamos al final, me limito a mirar.

Gracias a Guajira y a mis compañeros por dejarme conocer algo más de mi país.
Federico Patricio Cavallo – Info@guajira.com.ar
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